Nacionalismo y el mundo al revés

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Todavía suenan vivas las recientes palabras del Rey en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias. Quizás, porque Felipe VI, una vez más, ha dado una lección a los políticos españoles alumbrando el camino a seguir: el de la esperanza y fe en nosotros mismos. «Una España alejada del pesimismo, del desencanto o del desaliento, fiel a su irrenunciable afán de vivir orgullosa de lo que somos, de lo que juntos hemos conseguido, que ha sido mucho y admirable».

Recuperemos el orgullo de ser españoles, reivindiquemos el derecho a estarlo sin ser ser señalados por ello. España no es solo un lugar donde hacemos tortilla de patatas, o donde el apellido García acampa por cualquiera de sus rincones con alegría, o donde se tocan las castañuelas. España es mucho más que eso. España tiene una lengua que une a su habitantes, que nos nutre a todos y se nutre de todos, que nos da carácter, fuste y entendimiento. Sin embargo, se están olvidando  los derechos de los que hablamos la lengua común: el español. Se intenta desprestigiar lo que deberíamos proteger como un tesoro más de nuestro Patrimonio Nacional por ser una herramienta poderosísima «no solo por su número de hablantes, sino también por ser vehículo de cultura». Probablemente, sea la única lengua, hoy por hoy, que puede ser competitiva frente al inglés. O al lado del mismo.

A pesar de la importancia internacional de la lengua que nos une, a esta actitud sistemática y continua de corrosión y ninguneo a lo español han sucumbido algunos políticos, creemos que más por precipitación y frivolidad que por mala fe, y en las últimas campañas electorales defendían el inglés como lengua vehicular en los colegios de nuestro país. ¿Ustedes se imaginan al presidente de Francia diciendo que la lengua en la enseñanza francesa será el inglés?, ¿o al primer ministro de Inglaterra defendiendo que la lengua vehicular en los colegios de Reino Unido sea el español? No se lo imaginan, claro que no, porque ellos, a pesar de tener un sistema excelente de aprendizaje de idiomas extranjeros, protegen su cultura, su lengua e idiosincrasia. Sin embargo, este despropósito sí va calando en la clase política española.

Y qué podemos decir de nuestra amada Comunidad Valenciana en manos de un Tripartito de clara inclinación nacionalista que negó en campaña; pero, ya en el poder, todos sus esfuerzos van encaminados a borrar todo lo que nos une al resto de España y fomentar, exagerar o inventar lo que nos separa. En esta carrera desbocada por «fer país» las primeras víctimas de su lingüicidio somos los castellanohablantes, pues les recordamos a España o, peor aún, les unimos a ella. Y como si, en lugar de personas, fuéramos marionetas a las que manejan a su antojo, ahora nos espetan que tenemos que cambiar de lengua, que el castellano, lengua mayoritaria de alicantinos, castellonenses y valencianos, no es nuestro; pues los honorables proclaman que la lengua que hablamos no es «propia» (aciago término que no debió aprobarse nunca) y, por consiguiente, nos convierten a todos, y a nuestros hijos en primer lugar, en sus rehenes lingüísticos. Secuestrados ideológicamente pretenden formatearnos para poder conseguir el «País Valencià de sus sueños». Según ellos, solo España es diversa; la Comunidad Valenciana, no. De ahí el hispanicidio cultural que están poniendo en marcha para que la realidad se ajuste a sus deseos.

La lengua se ha convertido en el instrumento más importante para la construcción de su Arcadia, identifican lengua y nación. Si hay lengua diferente es que somos una nación diferente, argumentan. Incluso, ya se oye que «la lengua catalana necesita de un estado para subsistir». Esta personalización y empoderamiento de la lengua la convierte en una diosa identitaria que es causa y fin de todo, y que, equivocadamente, justifica su política impositiva y dictatorial llevándose por delante a personas y derechos.saltar-sin-puente

No desean el bilingüismo, ni la libertad de elección. Apelando a un falso victimismo pretenden arrinconar hasta asfixiar la enseñanza en castellano para dejarla en mera asignatura. Encima, nuestro tripartito, con Marzá a la cabeza, en su afán por marginarla, le dan un carácter mágico a nuestro idioma sin pretenderlo: «El castellano se aprende solo». Qué mejor manera de desterrar una lengua de la vida oficial que no estudiarla; nuestros hijos, aun queriendo, serán incapaces de hacer un trabajo académico digno en castellano. Sin dominio léxico, gramatical u ortográfico quedará relegado al ámbito familiar. Y, en el mundo al revés, la segunda lengua más importante del mundo quedará convertida en una lengua de andar por casa. En cambio, la regional será la lengua administrativa y de prestigio. En su descarado intento de conseguir esta chifladura llaman nivel avanzado a estudiar todo en valenciano y básico si lo haces en castellano. Sobra decir que es discriminatorio y perverso.

¿Por qué llaman plurilingüismo a lo que es sustitución lingüística del castellano por el valenciano como lengua vehicular en la enseñanza? ¿Por qué no han preparado, adecuadamente, al profesorado para impartir en buen inglés las pocas materias que se darán en este idioma? ¿Por qué no han introducido la asignatura de francés cuando tenemos una plantilla de profesores especializados en esta lengua faltos de horas? ¿Por qué todo el dispendio económico se dirige a fomentar el catalán? ¿Por qué no se nos concede el «derecho a elegir» la lengua en que estudian nuestros hijos? ¿Por qué no se reconocen las ventajas de estudiar en lengua materna? ¿Por qué tenemos que aguantar que algún honorable diga que «los padres debemos elegir lo mejor para nuestros hijos» y a renglón seguido se argumenta que será un «equipo de expertos» los que decidirán por nosotros qué es lo mejor para nuestros niños. ¿Expertos en qué?: ¿en adoctrinar? Para qué voy a citar lo que dice la UNESCO, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Constitución Española, si les importa un bledo a los nacionalistas.

Honorables y honorablas, no queremos esa sociedad pancatalanista e hispanofóbica que anhelan construir sin contar con nosotros. No queremos su decreto de plurilingüismo. No queremos su catalinglis. Eso no es avanzado. Lo avanzado es progresista: progresista es abrirse al mundo; progresista es respetar lo diferente y convivir con ello en igualdad; progresista es caminar hacia adelante, no hacia atrás para resucitar muertos, momias y agravios que, muchas veces, ni existieron; progresista es crecer pensando en los demás: ser solidario; progresista es, como dijo Unamuno, fomentar una «España de brazos abiertos»; progresista es mirar «más allá», tender puentes. Puentes se escribe en español.

Os aconsejo que veáis este vídeo: La Lengua Española en el mundo

 

 

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Un comentario sobre “Nacionalismo y el mundo al revés

  1. El español es un idioma mundial, qué puertas abre el valenciano? Sin menospreciar como ejemplo de cultura local, pero solo eso, local. Me da pena que Alicante, que al parecer está involucionando hacia lo regional, y nos da miedo vivir allí

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